David Eudave

Fa un mes vam contactar amb el dramaturg David Eudave per fer-l’hi una entrevista i que ens parles des d’un punt de vista més personal sobre la primera obra, LA GRANDESA d’ÉSSER UN ENTRE TANTS, creada a partir dels Sistemes Minimalistes Repetitius que als anys 80 Sanchis Sinisterra va teoritzar.

El David, si no ho sabeu, forma part de l’equip artístic de LAminimAL des de 2010. Autor de més d’una vintena de peces dramàtiques actualment és Professor de teatre i literatura a les universitats de Lleó i Guanajato, Mèxic.

Acontinuació podeu llegir l’entrevista que l’hi vam fer.

¿De qué habla “La grandeza de ser uno entre tantos”? ¿Qué se puede encontrar el espectador que va a ver la obra?

“La grandeza” es, principalmente, una exploración alrededor de la coacción como condición de la vida humana. Pero no sólo acerca de la coacción, sino también de otros componentes de nuestra realidad que nos parecen chocantes, como el sufrimiento –o, en su versión más pedestre, la incomodidad–; la estandarización, unas veces; la diferencia, otras; la vulgaridad de lo cotidiano. Nuestra cultura gira alrededor de algunas ilusiones básicas: la felicidad, la satisfacción, la comodidad, la libertad, la originalidad… luchamos por ellas como los animales luchan por sobrevivir. Pero, ¿somos felices en esa lucha encarnizada por la felicidad? ¿Somos libres, estamos satisfechos, cómodos? Que cada quién responda lo suyo, pero mi respuesta personal es no. Por todo esto, “La grandeza” quiere ser como una reivindicación de lo despreciado por nuestra cultura hedonista y caracterizada por lo “políticamente correcto” que, muchas, muchísimas veces, sólo sirve para maquillar la realidad. Tuve la suerte de que durante el proceso de escritura surgieran movimientos como la Primavera árabe, el 15-M y Occupy Wall Street. Sobre todo en este último, me llamó mucho la atención que una de las principales consignas fuera: “We are the 99%” Una reivindicación de la importancia de todos y de cada uno; no del individuo, distinguido por sus diferencias; sino de la persona, por el simple hecho de ser persona. Esa es la grandeza de ser uno entre tantos.

¿Cómo surge la idea de escribir La grandeza…?

Ya teníamos un tiempo trabajando juntos –alrededor de un año–, en la investigación de los SMR (Sistemas Minimalistas Repetitivos); ya habíamos hecho presentaciones públicas, en la Sala Beckett, sobre los resultados de nuestras investigaciones; cuando Dani De Vecchi me comentó que había llegado el momento de construir un espectáculo. Se barajaron varias posibilidades de temática, al final la idea de hablar sobre la coacción fue de Dani. Habíamos descubierto que, al menos en el microcosmos de los SMR, la coacción no funcionaba como una reja para la improvisación –para la libertad–; sino que, por el contrario, creaba las condiciones ideales para el surgimiento de la originalidad, de lo verdaderamente inesperado. La coacción se convertía en co-acción, acción conjunta. De allí a encontrar las correspondencias con la vida, con lo humano, había sólo un paso.

¿Cómo fue la relación con la técnica minimalista y con su directora y actores?

Este fue el mayor reto, aunque, por suerte, ya habíamos preparado el camino; además de que el proceso de escritura nunca se separó de la investigación constante. La técnica minimalista cuestiona casi todo lo que sabemos del teatro, y la dramaturgia, por supuesto, no se salva. El asunto fundamental es que, incluso en los textos dramáticos más arriesgados, el orden es esencial. El teatro es un arte temporal, el espectador percibe los signos uno tras otro, casi siempre sin posibilidad de volver atrás. Por ello, el orden es lo que nos permite jugar con las expectativas del espectador, con lo que sabe, desconoce y queremos que descubra, con el ritmo, etc. Pues bien, aquí el orden es uno de los primeros elementos que se rompen. Hubo que encontrar otras formas de mantener “los secretos”, de generar ritmos variables, etc. Creo que no será una sorpresa decir que esta experiencia me ha marcado para siempre.
Los actores y la directora… ¡y los otros dramaturgos! ¡y el equipo! ¡Y la experiencia siempre generosa de José! Son todos unos guerreros, se necesita mucho arrojo y mucha fe para defender y mantener un proyecto como éste, que ahora está dando sus mejores frutos. Fue siempre un trabajo de equipo en el que aprendimos juntos, en el que las fronteras entre las diferentes artes nunca tuvieron las mezquindades de nuestras fronteras geopolíticas.

¿Hay alguna clave para escribir en lenguaje minimalista?

No sé si hay una sola clave posible, me imagino que puede haber muchas; pero yo sí me guié por una idea central. Ante la imposibilidad de planificar el orden, busqué que cada elemento del texto pudiera comunicar en cualquier posición. Desde las escenas hasta las frases, incluso hasta el nivel de las palabras. Cuando hablo de esto me gusta hacer el símil con las estrellas. Las hay más pequeñas y más grandes, más aisladas y más agrupadas entre sí, más brillantes y más opacas, pero todas juntas dibujan un paisaje; un paisaje en el que hemos sido capaces de encontrar “osas”, “carros”, “peces”… Busqué crear redes entre situaciones, ideas y conceptos, para que se iluminaran mutuamente, para crear resonancias en las mentes de los espectadores, para que cada uno pudiera “dibujar sus constelaciones”. ¿Qué tal salió el experimento?

¿Se considera usted “uno entre tantos”?

Lo soy, y busco tratar así a los demás. Porque cuando te aprecian por tu éxito o tu inteligencia o tu belleza o el color de tu piel, no te aprecian a ti, sino a esas características. Detrás de todo eso está lo que es verdaderamente esencial, lo que nos hace verdaderamente iguales y, al mismo tiempo, únicos.

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